sábado, 12 de abril de 2014

UNA CARTA








Se me están negando un poco las palabras
¿estarán cansadas de tanta poesía?

Casi lesionadas, me piden el cambio.




Se me están muriendo de melancolía.













Y hoy las yemas hablan. Trova insuficiente
para validar el resto de los días 

en que no parí la luz de un solo verso
por quién sabe qué anatema o brujería.









Y aún así, con unos conejitos viejos
que encontré en la oscura galera vacía,

 redacté esta especie de carta en estrofas
(por simple capricho de costumbre mía…)







Como si unas pocas palabras bastaran
para apaciguar las olas de atonía,  

como si las pobres teclas alcanzaran
para dar sentido al paso de los días.





Como si pudiera decirte en dos líneas
que te sueño alguna noche todavía
  
 y que no he logrado pasarte a retiro,
condenarte a archivos (que ya debería…)









Y que cada vez que escribo muero un poco
para respirar con cierta autonomía



y resucitar por un minuto breve
en estas arenas falaces e impías,



porque tengo miedo de esa soledad
que cerrar las puertas de este lar traería.




Porque me ofrecieron (hace algunas noches)
habitar la Calle de la Cobardía, 



 en un sueño gris,  los ángeles sin alas
que pueblan un Cielo al que yo no me iría



y que no acepté la divina propuesta
sin saber muy bien la causa,  todavía... 









¡ Ah… !

y que yo te adoro - sin prisas ni pausas - 
(dato, que obviamente… vos ya conocías).






































Se me están negando un poco las palabras

¿estarán cansadas de tanta poesía?





casi lesionadas, 
me piden el cambio


















se me están muriendo de melancolía














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