UNA CARTA PARA MI HERMANO







Todos morimos un poco, 
todos nacimos de nuevo, 
y rompimos el asfalto, 
porque era así, o rompernos
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Por la sangre que nos une,
ayer, junto con tus huesos,
se ha quebrado el odio antiguo
y ya es patrimonio de ellos,



de todos los que pintaron
la cruz escarlata y negro
sobre el arnés destruido
de nuestros heridos pechos.





Que se queden con sus juicios,
sus verdugos, sus prefectos,
y hagan arder en la hoguera
a otro culpable, a otros reos.



Que ya pagamos con creces,
que fue más que alto el precio,
que ya hay que soltar la piedra,
que ya hay que enfrentar al cierzo.





Ayer, en el mismo golpe,
al látigo de tus miembros,
se anularon los conjuros,
se aniquilaron los miedos,


cesaron los enemigos,
se murió el remordimiento,
se purgaron los pecados,
los tuyos, los míos; nuestros


deberes fueron cumplidos,
y todo el dolor interno
se trasladó a carne viva,
y a piel quemada con fuego.







Lo que se estaba incendiando
en el alma, bien adentro,
se estrelló contra el asfalto,
las manos rotas, los dedos



como cristales de roca,
como puñales de hierro,
dando vueltas en el aire
como las hojas del viento.




Ayer, de las siete vidas:
una enterraste en el suelo,
la destrozaste en el barro,
la subastaste en el cielo,



la mordiste con los dientes,
la escupiste con el cuerpo;
quizás – ni el Diablo lo sabe –
la destinaste al Infierno.




¿ Y de las seis que te quedan... ?
dilapidá los deseos,
esquivá los laberintos,
desentrañá los misterios,




y perdoná al que te mira
en el fondo del espejo,
como si fuera enunciado
el onceavo mandamiento.







Todos morimos un poco,
todos nacimos de nuevo,
y rompimos el asfalto,
porque era así, o rompernos.





Y de las propias cenizas
de la amargura y el miedo,
resucitamos la sangre:
ayer, junto con tus huesos.





















como si fuera enunciado
el onceavo mandamiento



















POEMAS






Vos los vas a encontrar cuando no quieras,
en busca de otra cosa, a la deriva,
una tarde futura de tu vida,
lejana, en un instante cualquiera.




Poblando los dormidos anaqueles
de tu casa. Ya mustios, ya olvidados,
militando en las hojas del Pasado,
cuando estés removiendo otros papeles.




Vas a verlos privados de su brillo,
dibujadas las letras, como códigos,
regresando – igual que hijos pródigos –
deslucido el papel, tan amarillo;




con las tapas ajadas, con el roto
y anodino discurso de quien hizo
mil poemas gritando que te quiso,
¿ y en el ángulo gris ? : la antigua foto.




Un espejo fugaz con nuestro ejemplo:
un temblor en el lago de la historia
con la breve inquietud de la memoria
y el recuerdo erigido como un templo.










Vos los vas a encontrar… y sólo así
obtendrá su blasón lo que escribí.


























Sólo así.












YO CONFIESO





Quizás tenga razón Pedro,  y ya no haya forma de pedir perdón...










Confieso que he pecado, que he mentido, 
que a veces he jugado a lo prohibido...
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Confieso que he pecado, que he mentido, 
que más de alguna vez tomé el atajo,
que he dado y recibido golpes bajos, 
que a veces he jugado a lo prohibido.




Que soy de carne y hueso; lo imperfecto
me corre por la sangre con su brío
y va debilitando el cuerpo mío
con un disparo sórdido y directo 




al alma – que en la espalda- me ha impactado.
Ha sido mi palabra débil, vana; 
los pasos fueron falsos, y en la humana
miseria de mis yerros me he asfixiado.




Que amé sin condición, que fue muy tarde,
que no me equivoqué, o al menos creo
no hablar bajo la ergástula del reo
que ampara con discursos ser cobarde.






Perdón pido a mis hijos y a otros hijos; 
y a aquellos que yo herí sin alertarme
de cuánta desazón iba a costarme
el día que la Sombra me maldijo. 





En medio del castigo y del letargo, 
quizás, cuando las horas se diluyan
y ahí, donde mi Tiempo se destruya, 
me dejen declarar que (en mi descargo) : 





mi corazón fue grande como un río; 
y un plus:  que transformé tu nombre en oro, 
y he sido portadora de un tesoro
de apego inmensurable por los míos. 















Tal vez - por tanto amor y tanta pena – 
el Cielo me reduzca la condena. 























Tal vez...      
















BLOGGER INFORMA










I

Amigos míos, os ruego 
tener el mayor cuidado
(ya de frente o de costado)
con el aviso que agrego, 


que, o lo toman o lo dejan, 
ya que es su opción acatarlo
o en su defecto, ignorarlo
sin trasponer una queja.


Cautela debéis guardar :
de la polenta que hierve, 
de la aguja que se pierde, 
del aceite al burbujear, 


del ímpetu del bidet…
y de las fotos trucadas 
que, sin reparo, las damas
subimos en Internet.


Porque el ojo en ese plano
confunde abrojo con rosa
y es pifia más peligrosa
que una trompada de enano.


Y de una tiara a un rulero
suele haber menos distancia
que al yerro de la ignorancia 
(dispensando al peluquero).




II

¡ Un click !  y el plasma se expande
con sonrisas invencibles
y bocas apetecibles
como manzanas bien grandes; 



pero suele suceder 
que luego, al quitarse el sayo, 
la carroza era zapallo
y ya no podés volver.



En fin, que es pecado grave
almorzar gato por liebre
sin que el cristal se les quiebre 
cara a cara, cuando cabe. 


(Todos los gatos son pardos
de noche)    ¡ Y comprended ! 
que por magia de la Red
parecen flores los cardos.






III

Precaverse y excusarse
para esquivar el anzuelo
es correr a tiempo el velo 
antes de desbarrancarse; 



pues todo el que se equivoca
después de ser alertado,
por razón no haber tomado,
¡deberá cerrar la boca!












Mi alerta difundiráis,
pues mucha prudencia exige, 
y si acaso os claváis

¡no digáis que no os lo dije! 

.




















RECUERDOS DEL FUTURO




 
¿Quién llevará en la mirada el color 
de tanto verso labrado en tu honor?
 





















I

Hay en mis ojos luz de otras miradas,
suenan en mí los ecos de otras voces, 
pluralidad de sombras, dichos, poses,
que me articulan con vidas pasadas.



Nadie se muere del todo, los otros
que por azares nos antecedieron,
siguen estando cerca aunque se fueron, 
siguen viviendo- por gracia- en nosotros. 



El Cielo azul que habitan hoy mis muertos
está en la franca inquietud de las manos, 
que en su heredad, impulsan mis hermanos
en un camino infinito y abierto.



Brilla en los ojos de Paula mi viejo, 
y en mí, la oscura huella del pasado
con el valor de un íntimo legado
que va cobrando vida en los espejos. 





II

 ¿ Qué dejaré...    / además de papeles 
multiplicando polvo y rimas vanas
sobre los folios teñidos de canas
en el paisaje de tus anaqueles ?




¿ Qué dejaré en aquellos que sucedan
y sobrevivan justo en el instante
en que la suerte, Destino mediante
dicte a mi oído que ya nada q
ueda ?




¿ Quién llevará en la mirada el color 
que fue de luz al tacto de tu piel, 
quién guardará en su alma el oropel
de tanto verso labrado en tu honor ? 




¿ Quién gritará mi nombre sin sonido,
en eco sordo, sin que sepa el mundo
la evocación de ese nimio segundo
en que el recuerdo le gane al olvido ?















¿ Qué quedará de mí sobre tu cama
cuando mis hojas caigan de su rama…?































¿Qué dejaré / además de papeles 
en el paisaje de tus anaqueles ?













¨ En nuestro amor hay una pena que se parece al alma.¨ (J.L.B.)

¨  En nuestro amor hay una pena que se parece al alma.¨   (J.L.B.)
Silvina Grimaldi Bonin (ARG)

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