EL ÚLTIMO PÉTALO DE LA ÚLTIMA MARGARITA...

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Me quiere. No me quiere. ¿No me quiere?
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I

Tantos años ya… que espera que lo arranque.
Una magia muy extraña no lo seca.
(Quien no deja de querer, de odio no peca)
y quizás sea el propio Dios el que me banque,


o Natura, no lo sé, ni he de saberlo.
Es el último bastión (la última cuita)
agarrado en la postrera margarita
que parece que presume por tenerlo.


II

Me quiere. No me quiere. ¿No me quiere?
Sin respuesta son los días que se escurren
como arena entre los dedos, y no ocurren
los milagros que soñamos las mujeres.


Pero el punto en este extremo es que prefiero
ignorar una certeza que podría
destrozarme el corazón y me hundiría
en un mundo de tristeza que no quiero.


III

Sí. Ya sé... no me lo digas, es mejor
conocer, que no saber ciertas verdades…
pero el mar de la ignorancia es como un Hades
en que el alma no se muere de dolor.


Es probable que ame a otra – yo no puedo
competir- estoy clavada en una cruz
que simula ser un púlpito de luz,
y por eso tan pacífica me quedo…


Si el Destino me brindara la ocasión,
a cualquier rival ¡de un golpe! sacaría.
No nació la que me gane en osadía
si el trofeo es conquistar su corazón.


IV

Ese pétalo me dice que quizás
él me quiere y no ha podido confesarlo,
eligiendo la postura de callarlo
en virtud de que asegura así, la paz.


Hay historias tan complejas, hay amores
que no pueden revelarse enteramente
y es más propio reservarlos plenamente,
confinando su esperanza entre las flores;


esperanza que en mi caso, se limita
a este pétalo postrero y solitario
(cual si fuera última cuenta de un rosario)
aferrándose a una pobre margarita.








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¿   ?


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INTIMACIÓN EXTRAJUDICIAL:

Estimad@

esteeee...¿?
a ver...
bue,

Poeta:
____________________

Sirva la presente para solicitarle tenga a bien arbitrar medios más fehacientes para satisfacer sus múltiples dudas afectivas y/o pasionales y/o existenciales,

(por ejemplo:
pregúntele al tipo y déjese de jorobarnos, m´hijit@...),


en virtud de que en los últimos (completar el número) _________________ siglos/ años/ meses/ ( tachar lo que no corresponda) se ha constatado una baja alarmante en el número y calidad de los ejemplares de nuestra especie.

Una exhaustiva investigación de la no tan confiable O.N.G:

¨AF.A.LA.M ¨     (Aflojale A Las Margaritas),

arrojó el lamentable dato que antecede, en cuyo informe, se l@ involucra a Ud. en forma directa, como principal responsable de tan penosa devastación.

Al aguardo de que tome razón de lo aquí expresado - y las medidas correctoras del caso-, so pena de accionar en su contra, saludámosle (no muy)

 ATTE.



Dra. Margarita KOMPLICADA LACOSSA

¨MARGARITAS EN EXTINCIÓN¨

(Asoc. sin fines de lucro)
Departamento Legales.

Dirección de contacto:

http://www.sacameladudaquemeestamatando.com.ar/


























NEVER MORE

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"Nadie puede entrar dos veces en el mismo río."
Heráclito
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Soy río que una tarde te besó
con cierta afectación y alevosía.
Si acaso regresara yo algún día,
ya no seré la misma que pasó.

La cita, que es de Heráclito y no es mía,
comporta una sentencia irrefutable:
el tiempo es como el agua inabarcable
que avanza con veloz altanería. 

Aquella que una vez acarició
tus manos (que también habrán cambiado),
por otra que no viste habrá trocado.
Creeremos ser los mismos (pero no).




Aquello, como fue, ya no será, 
y el agua que se fue, no volverá...





























HORADAR LA PIEDRA

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No es la violencia en las olas del mar
la que va haciendo más lisa la roca,
no es el embate feroz quien provoca
que lo escarpado se empiece a limar.


Es la constancia, sublime atributo,
de acariciar la insondable aspereza,
con manos de agua y perfil de entereza,
día tras día, minuto a minuto.


Es más o menos, distancias salvando,
lo que he planeado para mi existencia:
pura espoleada de fe, de paciencia 
y voluntad,  jamás abdicando.


El que persiste,  concreta la hazaña,
pule la piedra, mueve la montaña…
















¿ Y DESPUÉS DEL AMOR... QUÉ ?

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¨A veces, una herida nos recuerda que estamos vivos¨.  Oliverio Girondo
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Pasé a retiro cuando se aquietaron
las aguas bravas que me desvelaban,
pluma y tintero supieron que estaban
quebrada y seco,  cuando se miraron. 

Las hojas blancas cayeron sin brillo
en otoñal capricho sobre el suelo,
Gustavo Adolfo no tenía consuelo
desde la tapa de un libro amarillo.

Secas las lágrimas de la poesía,
equilibrado el cincel del latido,
ya algunos versos no tenían sentido
y algunos otros se desvanecían.




Pido otra vez el fuego y la inquietud,
y la palabra en su antigua virtud.
























CANCIONCITA PERDIDA

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 es que apenas andaba,
como un nene chiquito...
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La mitad de la vida.
La mitad del camino.

No poder dar con vos.
No poder dar conmigo…



¿En qué espejo escondieron
nuestro amor, amor mío?

¿En qué esquina lo encuentro,
en qué atroz laberinto?


¿Tendrá sed, tendrá miedo,
tendrá paz, tendrá frío?

¿Cuál será de ahora en más
su precario destino?


¿Balbucear unos versos,
tiritar como un lirio?

¿Replegarse en la sombra,
naufragar en el río?



Yo le he dado ternura,
le ha sobrado cariño,

sin embargo no está,
permanece escondido,


y es que apenas andaba,
como un nene chiquito,

como un perro en la lluvia
esperando un auxilio.



Yo lo busco sin tregua,
vos sabés, no me rindo.

Y no llego, no llego,
y no llego a destino.


Alguien dijo que ha muerto
pero no lo he creído,

y no voy a creerlo,
(Dios será mi testigo)












no es amor que se muera
nuestro amor, amor mío…































La mitad de la vida.
La mitad del camino.

No poder dar con vos.
No poder dar conmigo…














POÉSIE

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Tengo el honor de rendir culto a la poesía,
en la que encontré una precaria,
pero tangible forma de felicidad.
En el Día Mundial de la Poesía,
dedico esta entrada a todos los que como yo,
la adoran.







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Roto el cristal que ayer me sostenía,
aprendí a caminar sobre despojos,
la arena no me impide abrir los ojos
y avanzo en la cornisa noche y día.


El cuerpo se acostumbra a los vaivenes,
el alma roza el suelo y hace callo,
se evitan las espinas en el tallo
y no te subís más a tantos trenes.


Las manos, con las teclas, no se enfrían.
La voz resiste más a los inviernos.
No existen los temores al Infierno.
Y el Cielo se parece a la Poesía.



Qué lástima… (a pesar de tanto orgullo)
mi corazón, que sigue siendo tuyo…











VESTIGIAL

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Nada ni nadie podrá
tumbar estas torres viejas,
aunque se cubran de polvo
y soledades sus letras...
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Si el transcurrir impiadoso
del tiempo me concediera
que todo lo que fue Amor
en desamor se convierta,


si la risa muta en llanto,
si la dicha torna en pena,
o nace un gris descampado
donde ayer fue buena tierra.


Si se volviera un diamante
el corazón que te espera.
Si se cubriera de acero
la piel que estaba sedienta.


Si prescindiera de besos
la boca que estuvo hambrienta
porque el mendrugo de pan
se le negó con firmeza.


Si la Moira, sin piedad,
hoy convirtiera en arena
la sal que antaño brotaba
en el mar de entrambas piernas.


Si se engendrara un puñal
de una caricia. Si muertas
fueran las palmas que buscan
una mano y no la encuentran.


Si el profano devenir
del tiempo me prescribiera
que un vuelo celeste y franco
termine en fugaz estrella.


Si un pájaro que fue herido,
con su alma de nubes negras,
regenerara en serpientes
mal nacidas y rastreras.


Si este raudal de ¨te quieros¨
se transformara sin vueltas
en el eco desolado
que sucede a las tormentas.


Si esta voz que cuenta sílabas
codificara sus letras.
Si el silencio le ganara
a los versos la contienda.


Si el Ejército del Odio
mi espíritu poseyera,
o el fantasma del Olvido
con sus alas polvorientas,


con su risa desdentada,
con su guitarra sin cuerdas,
con sus sábanas glaciales
y su olor a flores muertas


(porque el Azar lo decida
o si el Destino lo sella)
infectara cada pétalo
de margaritas deshechas.


Si el viento se encaprichara,
al golpear sobre las piedras,
en destrozar la esperanza
con el rigor de una flecha.


Si todo lo enumerado
esta noche sucediera…
aún quedaría esta página
envejecida y desierta


como testigo indudable,
como arquetípica prueba,
de que hubo un Amor capaz
de eternizar un poema.



Nada ni nadie podrá
tumbar estas torres viejas,
aunque se cubran de polvo
y soledades sus letras.


y menos aún lograr
que este inmenso Amor se muera,

porque lo que es celestial
no encuentra fin en la Tierra.












Aeternitas

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Como mueren los hombres y las rosas
cesará mi recuerdo en tu memoria,
sin desdén, sin condenas y sin gloria,
con el paso del tiempo y de las cosas.


Sin embargo, los vientos del verano
no serán ya los mismos que eran antes,
(hay pasiones que marcan los diamantes),
y eso irá con mi nombre de la mano.


No habrá idénticas siestas, no habrá igual
tentación de manzanas a lo lejos,
y mi sombra, escondida en los espejos,
hará en vos una química eternal.


Hay amores que perviven en esencia,
más allá de su destino y su existencia.



















LIBERTÉ

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¨Los mejores sueños de libertad
se sueñan en las cárceles.¨

Bertolt Brecht
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El ave en cautiverio desconoce
que el mar se vuelve rojo por la tarde,
que al viento no hay San Juan que lo acobarde
y nunca habrá una lluvia que la roce.


Le fue vedado el miedo y su misterio,
el mal del cazador no la amenaza,
el mundo es jaula, rejas, techo, casa…
y grises son los muros de su imperio.


Le da seguridad tanta quietud,
el agua y la comida no le faltan,
alarmas y arrebatos no la asaltan
y lleva la certeza por virtud.


En sueños solamente toca el cielo
con un divino, azul y eterno vuelo.









EL EXTRAÑO CASO DEL MUERTO SONRIENTE

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I

Lucen funesto crespón
los portales de las casas,
y los arcos en la Plaza
de la Fuente del León...



¿Cómo fue que sucedió
que arañando los cincuenta
y de forma tan violenta
Don Luis Otero murió?



La pregunta se la hacían
oteando el cuerpo y en ronda:
sus compañeros de fonda,
el vicario, las vecinas,

el dueño del lupanar,
Sor Dita y el intendente,
Antonio (el ciego indigente)
y Helena Torres del Mar.

El Jefe de Policía
llegó hasta el lugar del óbito
con un ataque de vómitos
por el cuadro que veía,

alegó que lo afectaban
los cadáveres recientes,
y aún así, ordenó a la gente
que la zona despejara.

El Doctor en Medicina
argumentó la razón
de un fallo en el corazón
por un shock de adrenalina,

se le paró en el momento
por la causa señalada,
siendo letal la estocada
y sin causar sufrimiento.

La viuda, desencajada,
entre lágrima y gemido
observando a su marido
en pose desvergonzada,

reptando, se abría paso
de la mano de su nuera,
pensando: ¨-Si reviviera,
le pegaría un palazo¨




 

¿Cómo fue que sucedió
que arañando los cincuenta
y de forma tan violenta
Don Luis Otero murió?

El rostro en plena fruición,
mostrando un gozo sincero,
los dos ojos como huevos
y en el suelo el pantalón...



II

Helena amaba la fuente
de la plaza. En madrugada
de su cuarto se escapaba
para hundirse en las ardientes

aguas dulces del estanque,
vestida con una bata
y humedecida de nácar
bajo la luna radiante.

No se quitaba la ropa
porque en la seda mojada
más placer ella encontraba
que rozando piel con gotas.

Y tras dos horas de nado
regresaba la sirena
sin que nadie lo advirtiera,
a la gracia o al pecado,

(según tocara esa noche)
si algún mortal aguardaba
a la nereida empapada,
en su cama de derroches.

Yo no sé (sólo repito…)
que el agua mejor conduce
la energía y se produce
más pronto el cortocircuito.



III

El lazarillo de Antonio,
(su más leal compañía)
hacia meses que sufría
crisis de nervios e insomnio.

Los años habían pasado
y al no hallar ninguna cura
a sus raptos de locura,
ya habíanse resignado

perro y dueño a soportar
que cada noche de estío
el can perdiera el buen tino
y no parara de aullar.

Helena dio al lazarillo
su ropaje y lo calló,
el perro se lo tragó
relamiéndose el colmillo.

Después se quedó mirando
a la pléyade incendiaria,
lengua afuera, mente en Babia,
y la rabia apaciguando...

Antonio se lo perdió,
el que no ve, nada siente
y de nada se arrepiente
porque nunca nada vio;

y menos vio a aquel varón,
que en inocente desliz,
salió para echarse un pis
en la Fuente del León.

Y así fue como palmó
el pobre Don Luis Otero,
con los ojos como huevos
y en el suelo el pantalón.


 
IV

El pueblo entero quedó
a la mañana siguiente
preguntando tristemente
qué fue lo que aconteció…

¿Cómo fue que sucedió
que arañando los cincuenta
y de forma tan violenta
Don Luis Otero murió?

Y a pesar de los deslices-
pensó el can- de cualquier modo-
que morir, morimos todos,
pero no siempre felices,

como aquél que anoche él vio
mostrando un gozo sincero,
con los ojos como huevos
y en el suelo el pantalón…








 



Lucen funesto crespón
los portales de las casas
y los arcos en la Plaza
de la Fuente del León...



























¨ En nuestro amor hay una pena que se parece al alma.¨ (J.L.B.)

¨  En nuestro amor hay una pena que se parece al alma.¨   (J.L.B.)
Silvina Grimaldi Bonin (ARG)

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