UNA DECLINACIÓN
















Voy a soltarte la mano, 
por no enredarte en mi tela, 
por no envolverte en mis dudas, 
por no encallarte en mi arena.



Y porque no supe nunca
si mi intención – toda buena- 
te estaba cosiendo alas
o regalando cadenas.



No vaya a ser que en mi afán
de andar pateando las puertas, 
te esté construyendo jaulas,
te esté acumulando rejas.



No vaya a ser que la llave
que yo ofrecerte pretenda, 
te cierre el portón por dentro
para que al aire no vuelvas.



Qué coraje que he tenido, 
qué tan humana soberbia, 
la de trabarte el camino,
la de limarte las piedras,



la de probar tu veneno, 
la de sangrar tu dolencia, 
la de aplazarte el otoño 
por inventar primaveras.




Voy a soltarte la mano. 
Dios me perdone la afrenta
y que el Infierno se apiade
cuando me dicte condena.



Voy a borrarme tu nombre,
como quien tira una perla
para que otra la encuentre
cuando pase la tormenta.





Voy a soltarte la mano.
Aquél que más ama ¡suelta!
al viento lo que del viento, 
sin esperanza de vueltas;




porque no sé cómo hacer,
porque no tengo recetas
para aceptar que perdí
mi más ambiciosa apuesta.












Decid por ahí, Señores, 
por salvar mi alma en pena, 
¡ que es tanto lo que lo he amado ! 
que estoy rogando indulgencia.




















Qué coraje que he tenido, 
qué tan humana soberbia…

















MILONGA DE LA ORGULLOSA












I
Vos vas a volver a mí
con el caballo cansado,
los pocos pelos nevados, 
valiendo un ¨maravedí¨; 


y todo lo que escribí
en mi gastada poesía
se volverá profecía
o mejor aún, presagio
de un lamentable naufragio
causado por tu apatía.




II
Vos vas a volver, mi amigo,
a un paso del climaterio
y a cuatro del cementerio
(Dios perdone lo que digo); 


y con su venia, te sigo
cantando algunas verdades
que no son casualidades, 
sino causal y revés
por tanto desinterés
ante mis nobles lealtades.




III
Vos vas a volver, tan viejo, 
deshilachado y ruinoso, 
que va a tornarse espantoso
mirarte hasta desde lejos


en el cristal de mi espejo, 
que tantas veces te quiso
acariciar y deshizo
mi ilusión contra tus muros
infranqueables y seguros, 
destrozándola en el piso.





IV
Vos a volver el día 
que ya todas te hayan dicho:
-¡ Me cansaste ! ¡Fuera, bicho…!
y ahí, la Melancolía


(que es hija de la Poesía) 
te va empujar a los versos, 
que amorosos y diversos, 
te firmó esta pobre ignota
con el alma toda rota
y haciendo miles de esfuerzos.




V
Vos a volver sin gloria,
con pena y sin argumentos, 
a ver si mis sentimientos
aún están en mi memoria


intactos, haciendo historia, 
y a fin de corroborar 
si fue puro cacarear
o fue verdad que este apego
no apagaría su fuego
ni viéndome agonizar. 




VI
Vos vas a volver, guitarra
al hombro, rotas las cuerdas, 
con tus facultades lerdas, 
hecha un jirón la zamarra, 


y las dos manos en jarra, 
a suplicarme los besos
con desesperados rezos, 
las palmas en oración, 
y tu oxidado blasón
¡ más devaluado que el peso !




VII
Vos a volver, y yo,
que tengo el listón muy alto, 
que vivo del sobresalto
como un hábito y que no
permito a nadie me escombre, 


que tengo encumbrado el nombre, 
que no olvido y no perdono,
que hago un culto del encono
¡ y no me inclino ante un hombre…!










voy a apurarte los pasos, 
pa´ derretirme en tus brazos…















UNA CONCLUSIÓN











Se trataba de ser un poco más valiente,
un poco más humana, un poco más sincera
que el facsímil sin luz de una estatua de cera,
que la máscara gris de una oscura vertiente.




Se trataba de hacer silencio y no reflejos, 
y no ramas filosas con el árbol caído,
y de darle a las horas un poco de sentido
sin santo inquisidor nublando los espejos. 




Se trataba quizás de ponerle a la vida
más permisos que trabas, menos piedras molestas
entre el paso primero y la última cuesta, 
entre el propio dolor y la clara salida. 




Se trataba de ver más allá de lo raudo, 
más acá del precepto, no teniendo en la palma
el dictamen feroz que se imponen las almas 
que se queman con nieve entre tantos recaudos.











Se trataba quizás de tentar a la suerte
y no morirse en vida por temor a la muerte…




















VERSOS DE OCHO

Imagen: Sara Baras
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I

Aquí yace soterrado
bajo idílicos verdores
y las más hermosas flores, 
un amor divinizado.

El madero improvisado
da señal de sepultura
y destaca en la llanura
su montículo luctuoso, 
como un altar silencioso
erigido con mesura.




II

Han escrito con cuidado
las dos fechas sin los nombres,
porque es cosa de los hombres
proteger lo que han amado,

ocultar lo que han errado
y enterrar porque se ha muerto
el retal de un desacierto
(bajo el signo de la cruz
y al amparo de la luz)
para cerrar el entuerto.




III

El amor que es de esta laya
cobra vida de repente,
permitiendo a quien lo siente
ser feliz desde que estalla,

pero un mal día, se calla, 
y a un tiempo: resigna y cesa,
como un sueño que ni empieza
y abortado por Natura,
no encuentra ni paz ni cura
en otro lar que una huesa.




IV

Lo bueno de estos amores
es que se suelen morir
mucho antes de sufrir
rutinas, penas, dolores.

Entonces, los sinsabores
no alcanzan a propagarse,
y sólo la miel se esparce
como recuerdo en las bocas,
dejando sobre las rocas
la amarga hiel enquistarse.




V

La esencia de lo perfecto
no engarza con lo terreno,
sin embargo, todo es pleno
edénico y sin defecto

mientras nos dura su efecto;
hasta que expira agotada,
y a la muerte inesperada
va la suerte del envés: 
matando a dos de una vez
de una sola puñalada.




VI

Si alguna vez, peregrino,
en tu camino toparas
con esa piedra y dejaras, 
con un gesto cervantino, 

una rosa; a mi destino
habrás rendido el honor,
porque allí duerme un amor, 
prodigioso, bien nacido, 
que retoñar no ha podido
/ ya ni sé / por qué factor.
 




VII

Sospecho que supo bien
y antes que yo, que seguir
equivaldría a existir
malherido en el arcén.

Entonces, tomó ese tren
al que suben los valientes
y apretando bien los dientes,
me dijo Adiós, con dulzura,
con idéntica ternura
conque el sol muere en las fuentes,
 















para evitar desvirtuarse
o que la noche lo hiera,
no encontrando otra manera
que morir para salvarse.













SIMETRÍAS









Designio especular el de la historia
de esta oscura simiente de mi padre,
muerto en vida, por causa del desmadre
de sus sueños, que no vieron la gloria.



Ahogar su propia luz para que yo
declinara militar en la ceguera,
y sólo en un instante comprendiera
que soy su legataria; y que no 



hice bien en taparlo con mi alud
de reproche anodino, de consejos,
¿quién me ha visto increpar al propio espejo
suponiendo una pauta de virtud …?




En el sayo del juez he comprendido
que no pude evitar el paso en falso,
que construyo en mis tierras un cadalso,
que multé lo que soy – y lo que he sido;











que agoté los discursos, que es momento
de ir echando raíces en el viento.




















COYUNTURA








Hasta aquí, los pasos del cobarde
con la huella pálida y borrosa; 
hasta aquí, lo frágil de la rosa 
inclinando el porte ante la tarde.




Hasta aquí el escrúpulo del ciego
recelando el ancho del camino; 
hasta hoy, lo vacuo y anodino 
de pedir disculpas sin sosiego.




Hasta esta hora de quebranto
la feroz instancia dilemática; 
hasta hoy, la báscula traumática
de medir el tiempo por espantos. 



Hasta aquí el espíritu del leso; 
hasta aquí, la anemia del que teme
y no quiere abrir aunque se queme
el torreón que lo ha tenido preso. 




Hasta este instante, la fatiga
de arrastrar la piedra hasta la cumbre; 
hasta este punto la quejumbre
de la voz del juez de la conciencia. 








Hasta hoy – no más – con la testuz 
hacia el suelo, para no ver la luz. 



















No más.

















PEDIDO EXPRESO








Karmelo C. Iribarren













Vaya a secar las lágrimas vertidas,
vaya a barrer las hojas por montones,
vaya a vaciar a fondo los cajones
de los paisajes rotos de su vida.




Vaya a guardar en cajas ordenadas
lo que por fin ha dado por perdido
y condenar al sueño del olvido
tanta reunión de causas devastadas.




Vaya a dejar abiertas las ventanas
para que el aire imponga su alegría
y el sol celebre así su epifanía
con un torrente aurífero de ganas.




Y entierre todos los amores viejos,
clausure todas las tristes memorias,
ponga un precinto negro a las historias
que se aburrió de proyectar su espejo. 





Y póngase a vivir. ¡ Que no se pierda !
su adoración por vésperos y lunas,
por los tableros moros, por la cuna
que sus dos manos templan con seis cuerdas.








Pero, le pido - que en todo ese rito -
no pase a archivos lo que yo le he escrito.























Le pido poco…













¨ En nuestro amor hay una pena que se parece al alma.¨ (J.L.B.)

¨  En nuestro amor hay una pena que se parece al alma.¨   (J.L.B.)
Silvina Grimaldi Bonin (ARG)

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